Freyja no esperaba. Elegía. Era la völva suprema, señora del seiðr, capaz de torcer los hilos del destino con su voluntad. Cuando los guerreros caían en batalla, la mitad iban a su salón: no por gloria, sino porque ella veía valor donde los dioses no sabían mirar.
La Centella de Freyja nace de los antiguos símbolos de enfoque: flechas inscritas en hueso que las sacerdotisas enterraban en túmulos, marcando el destino de los linajes. Este colgante toma ese símbolo y lo vuelve tuyo: no apunta al futuro, lo clava en él.